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| Boletín No. 01 (julio 2002): |
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VERTICAL:
Marcando la diferencia ( Zetta ) |
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Llegando a la mitad del año 2002, muchas expectativas se cifran en nuestro país, en medio de privatizaciones, protestas, marchas y contramarchas. Y mientras la población cifra sus esperanzas en los cambios que puedan ocurrir, Dios ha fijado sus ojos en los empresarios cristianos que manejando un patrón de valores, tienen en su poder la fuerza y la sabiduría divina capaz de imponer un nuevo orden y una perspectiva diferente de cara al futuro.
En Circuito Empresarial, entendemos la gran responsabilidad y el desafío de la visión que Dios ha mostrado al segmento empresarial. El mercado nacional necesita de personas que crean en servicios de calidad, en un trabajo mancomunado, y en una relación |
intensa con Cristo. Empresarios con la virtud de mostrar que aún en medio de una recesión económica, es posible hacer empresas de éxito, si ponemos las riendas de nuestros negocios en las manos de un Dios altamente dador.

Circuito Empresarial quiere ser un portavoz de ideas prácticas y de nuevos instrumentos para el crecimiento de las empresas, a través de artículos que estimulen a adquirir un conocimiento mayor de las nuevas tendencias en el mercado.
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Quiere también poner a disposición de sus lectores algunas estadísticas vitales. Pero sobre todo, aspira a ser un medio de reforzamiento de la unidad que siempre debe primar entre negocios cristianos.
Ha llegado la hora de promover una cultura empresarial diferente, equilibrada y en paz con Dios, un paradigma que difiera a la que nos rodea, donde la competencia no respeta a la empresa de enfrente. Nuestro esfuerzo está basado en la vigencia de los principios bíblicos de mayordomía empresarial. Darlos a conocer es la tarea que nos proponemos. En este boletín, usted podrá encontrar además, servicios diversos y empresas en las cuales puede confiar. La invitación está dada, tanto nosotros, como usted y su empresa estamos llamados a marcar la diferencia.
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INTROVISIÓN:
Empresa: Servicio y tecnología ( Zetta ) |
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Toda empresa cristiana tiene que estar muy pendiente del entorno, con la finalidad de ajustar su conducta al medio social del que forma parte, no solamente para mantenerse en el mercado sino para crecer, lo que implica mirar muy adentro y marcar los nuevos horizontes por más que se tenga liderazgo con un espacio o mercado asegurado.
En la parábola de los talentos (Mateo 25.24-29), Jesús nos expone la idea de que el Padre no está conforme solamente con mantener lo que nos ha dado, sino en multiplicar. Conforme a lo que se lee en el relato bíblico, la postura conformista lleva castigo. Por eso, las organizaciones nunca deben conformarse, por el contrario deben nutrirse de conocimiento, adquirir nueva tecnología, incursionar en nuevos mercados y transformarse.
La competencia es una realidad palpable para los empresarios, mas no para los que creen en los principios cristianos. Cuando los hijos de Zebedeo competían por posiciones, el Señor los ubicó diciéndoles que si anhelaban realmente ser los primeros debían ser los primeros y mejores en el servicio. Según este principio del reino, la empresa más grande siempre será la que más tienda a servir, por más que el nivel comercial presione.
Para contrarrestar la competitividad, las organizaciones que quieran no sólo mantenerse sino expandirse en el mercado deben tener presente la filosofía de innovación y modernización para responder a los estímulos de la demanda, como Dios lo ordena, que es la de brindar un servicio de excelencia.
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Las empresas cristianas deben contar con horas de investigación y desarrollo tecnológico ya que los productos de hoy tienen ciclos de vida mucho más cortos y efímeros que en el pasado. Proverbios 21.5 dice: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia”. Por ello es vital que el personal debe mantenerse diligente en su proceso de aprendizaje.
Cuando el salmista David traía nuevamente el arca del pacto a Jerusalén, reconoció que Israel luego del reinado de Saúl, Israel estaba experimentando un cambio en su conducción y que debía ser muy bien aprovechado. El éxito en los procesos de cambio implica reconocer la sazón de los tiempos, gente comprometida y un cambio que parta desde sus líderes para desarrollar y sacar a la luz todo el potencial.
El rey David sacó lo mejor de un grupo de desvalidos hasta convertirlos en valientes. Por supuesto que esto es un caso extremo, pero sin lugar a dudas, útil. Cada gerente debe asumir una posición semejante. El líder gerencial cristiano tiene en sus manos la oportunidad de desarrollar las habilidades suyas y el de los trabajadores efectuando un inventario de sus potencialidades y habilidades. A la vez, controlar las posibles desviaciones que se puedan experimentar en relación a los objetivos.
La ampliación de los conocimientos y la tecnología le permitirá a la empresa contar con una fuerza adiestrada y motivada, lo cual contribuirá a reducir la rotación de personal, aumentar la flexibilidad para los cambios, generar valor y fe, y un mejor servicio perdiendo todo afán en relación con la competitividad.
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MASCAS ELEMENTALES:
El empresario cristiano como testigo ( José Belaunde ) |
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El hombre de negocios cristiano es, antes que nada, un testigo de la presencia de Dios en el mundo. Es un testigo específicamente por su actitud frente al dinero. Es importante saber que el hombre tiende a adorar al dinero (1 Ti. 6.10), pero esto no es aprobado por Dios, ya que no es posible servir a la vez a ese dios falso y al Dios verdadero.
El hombre de negocios cristiano, sea empresario, administrador, vendedor, o profesional, se encuentra pues ante un dilema: )Debe despreciar al dinero porque rivaliza con Dios? Pero )cómo podría si el dinero es la sangre de la vida económica y comercial? El fin humano de toda empresa es ganar dinero, tener utilidades. )Cómo entonces prescindir de él?
El hombre de negocios cristiano puede escapar a ese dilema reconociendo que el dinero es de Dios (Hg 2:8)). El dinero no puede convertirse en un ídolo si Dios es su dueño. A Él le pertenece y Él lo da en administración a quien quiere, tanto al incrédulo como al creyente. Y Él exigirá cuentas a ambos (Mt 25:14-30).
En segundo lugar, el empresario cristiano es un testigo frente al mundo cuando redefine el fin de su actividad empresarial. Los textos de economía nos dicen que el fin último de la empresa es hacer utilidades e incrementar el patrimonio de sus dueños. Cuando logra esos dos objetivos la empresa cumple con su propósito. Pero el fin de la actividad de todo discípulo de Cristo es servir. El propósito de la empresa cristiana es servir a la comunidad, a los que acuden a ella, a sus clientes. El empresario cristiano prospera sirviendo. En la medida en que lo haga crecerá su negocio.
No se crea que ese es un punto de vista idealista, alejado de la realidad. Konosuke Matsushita, el fundador de la empresa japonesa de artefactos eléctricos más grande del |
Japón, y que lleva su nombre (la de la marca Panasonic, entre otras), ha escrito que el secreto de su éxito consistió en servir a sus clientes investigando cuáles eran las necesidades del usuario e inventando y fabricando productos que satisfacieran esas necesidades. En la medida en que cumplió ese propósito tuvo éxito y creció su empresa. Un cristiano no puede servir menos.
El empresario cristiano es también un testigo de Dios frente a sus empleados. Si él es el dueño o el gerente, él es el mayor de la compañía. )Qué dijo Jesús del que quiera ser el mayor entre nosotros? Debe servir a los que están debajo de él. Lo hará reconociendo que su empresa no existe, y que Dios no la hace prosperar, sólo para que él viva de ella o que se enriquezca, sino también para que sus empleados tengan un trabajo adecuado, en términos de ambiente laboral y de remuneración.
El empresario cristiano debe ser como un padre para sus dependientes y Dios le pedirá cuenta de ellos. Si él se preocupa de su bienestar y el de sus familias, se ganará su lealtad. Si él se da a ellos, ellos se darán a él.
Pero quizá algún realista objete: Eso no funciona, porque abusarán de él y cada cual se creerá con derecho para hacer lo que le venga en gana y llegar a la hora que le parezca.
Pues bien, eso no ocurrirá si el dueño, o el gerente, marcan la pauta del orden y de la disciplina. Si él es el primero en llegar y es estricto en guardar las normas y procedimientos que él mismo ha dictado para su negocio, podrá exigir que sus empleados las cumplen y no tendrán excusa para eludirlo porque él les da el ejemplo. Su rectitud los obligará a alinearse con él.
Tenemos todavía mucho que hablar sobre las responsabilidad del empresario cristiano, pero lo dejaremos para la próxima entrega.
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