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| Boletín No. 04 (octubre 2002): |
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| Un ensayo de: Mayordomía en la empresa |
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| Es usual la frase "hacia arriba, hacia dentro y hacia fuera" para describir nuestra vida cristiana. Nuestra mayordomía empresarial como cristianos tiene que ver con estos tres horizontes: "Hacia arriba" se refiere a nuestra relación con Dios, "Hacia dentro" se refiere a nuestra relación con los creyentes, "Hacia afuera" se refiere a nuestra relación con los no creyentes. Y cuando hablamos de mayordomía, hablamos de ser administradores de aquello que Dios en su infinita bondad nos ha delegado. Todo lo que somos y lo que poseemos no es nuestro... es de Dios.
Hacia dentro
Nuestra mayordomía hacia dentro nace en la relación con el acto de dirigir empresa. Los trabajadores, equipos, instalaciones, finanzas y propiedades, están bajo nuestra responsabilidad, ¿cuál es el primer factor a administrar? el factor humano. Jesús centró su accionar en el ser humano, ayudó a mucha gente y actuó con sabiduría administrando de manera excelente los recursos humanos (sus discípulos). Eso involucraba alimentación, orientación espiritual y sentido de vida. Un digno sueldo, un mejor trato, el apoyo en asuntos espirituales, son los objetivos de este factor, y esto trae consigo una mejor disposición al trabajo en el personal. A menudo nos sentimos propietarios de la gente que pagamos, ¿Qué nos diferenciará de las empresas seculares?
El segundo concepto es el factor de multiplicación, y esto es mostrado en la parábola de los talentos. El crecer no es una opción es una obligación de la buena mayordomía. Involucra el buen uso del dinero, el cuidado de las máquinas y mobiliarios, el cumplimiento de nuestros pagos de impuestos, estar al día con nuestros diezmos, etc.
Mostremos a Dios que deseamos ser hallados mayordomos fieles. Dice Hebreos 3.13: "Exhortaos los unos a los otros cada día", porque es tan sencillo dejar de administrar y sentirnos con derecho a todo.
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Dios nos pide y exige que seamos vigilantes, audaces y fieles en lo que administramos, pues El nos pedirá cuentas “Al que más se le da, más se le requerirá” es la sentencia.
La buena mayordomía trae consigo una mejor comunión con Dios. Muchos líderes empresariales han encontrado estorbo en sus oraciones por las malas relaciones que llevan con su personal, o por las cuentas impagas, ¿por que no hay ventas? Reflexione un momento y recuerde... siempre caeremos en la cuenta de que si vivimos para El vivimos y si morimos para El morimos, pues todo lo que hacemos lo hacemos no sólo como para el Señor sino al Señor mismo. Buscamos ser mayordomos fieles, y El que es justo y bueno no permitirá que seamos avergonzados.
Hacia fuera
Esto involucra a socios, clientes y acreedores. No trabajamos únicamente en función al dinero, sino en función al servicio y la excelencia. Así como el dinero se puede perder por falta de una mala administración, lo mismo puede ocurrir con los clientes y socios de la empresa. Cuidar su permanencia pasa por darles un buen servicio y atención (la imagen de la empresa) y también en el plano espiritual, como gente de negocios, involucra cuidar nuestro testimonio hacia ellos. Una buena mayordomía no descuidará el énfasis evangelizador de sus actos. Por eso nuestras palabras y promesas en los tratos y contratos deben ser verdaderas. Que nuestro si sea si y nuestro no sea no.
La obediencia al Evangelio traerá el crecimiento de la empresa. “Hijo yo deseo que seas prosperado en todo así como prospera tu alma”, y esto se convertirá en testimonio poderoso, porque todos buscarán emplear los secretos del éxito y eso los conducirá a un único comienzo, ser ciudadanos del Reino de Dios. Pablo dice que se nos ha encomendado ser "mayordomos de los misterios de Dios" (1 Corintios 4.1), y los misterios no son dados a cualquiera, “solo el que pide halla, el que busca encuentra”. La |
manera de administrar su vida, su familia, su empresa hará un impacto en otras vidas. Con Dios todo va en aumento.
Hacia arriba
Nuestra relación hacia Dios va depender de las dos primeras. La frase “hacia arriba” se divide en dos clases: nuestras palabras hacia Dios y las palabras de Dios hacia nosotros.
Mencionamos una de las muchas formas en que el empresario puede encontrar barreras a sus oraciones a causa de una irresponsabilidad en su mayordomía. Respetar los devocionales y una instrospección en nuestro tiempo diario con Dios nos permitirá revisar las decisiones que tomamos a favor de la empresa, ver conscientemente nuestras motivaciones en el uso del dinero y del personal, los contratos y sus ventajas, las inversiones, los clientes, los pagos, etc. Somos conocedores de que un día rendiremos cuentas al Señor, pero cada día debemos caer ante Su presencia para mencionarle nuestros pasos como líder de la empresa. Dejar que su Espíritu Santo nos redarguya en lo que no hicimos bien y pedirle sabiduría. La Biblia menciona que “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová” y debemos caminar en pos de ella. El mundo de los negocios está lleno de viveza y artilugios, y para no caer en ellas un mayordomo buscará prudencia, humildad, y sabiduría, en la Palabra de Dios. La buena mayordomía hizo de David y de Israel, un hombre y un pueblo temidos y bendecidos. Convirtieron a Nehemías en un edificador de Jerusalén próspero. Transformó a Daniel y a sus amigos en líderes importantes y valiosos para Babilonia, hizo de José, el segundo más poderoso de Egipto.
Miremos a Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe. Fortalezcamos nuestros brazos y rodillas, y perduremos en la carrera que tenemos por delante porque lideramos una empresa que no sólo busca mantenerse, sino que crece y va en pos de ser grande. Por tanto, cuidemos nuestra obligaciones como mayordomos y "retengamos la gracia, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia" (Hebreos 12.28).
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MARCAS ELEMENTALES:
La Calidad de Servicio ( José Belaunde) |
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Las personas que laboran en el área comercial saben muy bien que aquello que llamamos "servicio" se ha convertido en un instrumento o estrategia de "marketing". Hay empresas que hacen sus ganancias no tanto en la venta de su producto (por ej. impresoras y copiadores) como en el llamado "servicio post-venta" (suministro de repuestos, de recargas, reparaciones, etc.).
El prestigio de una marca en el mercado no depende sólo de la calidad del producto que fabrica, sino también de la calidad del servicio de mantenimiento que ofrece, del abastecimiento de repuestos, de la eficiencia del despacho, etc.
Hay cadenas de tiendas y de supermercados que han conquistado un lugar prominente en el mercado local gracias a la imagen de buen servicio que brindan, lo cual puede ir desde la sonrisa a flor de labios con que se atiende al cliente, a la calidad del servicio técnico que ofrece a los compradores de sus artefactos.
De hecho, algunas de esas empresas dan permanentemente a sus empleados cursos, de asistencia obligatoria, en los que se enseña buenos modales y las técnicas para hacer que el cliente se siente bien servido y a gusto.
Mencioné más arriba la palabra "despacho". Pues bien, el llamado "delivery" (despacho, entrega) es una forma de servicio que se ha hecho popular, con la cual cierto tipo de negocios (farmacias, restoranes, distribuidoras, etc.) tratan de captar clientes y aumentar sus ventas.
La palabra "servicio" está pues a la orden del día en el ámbito empresarial. ¿Qué significado tiene esto para el cristiano?
Vale la pena notar que en la antigüedad greco-romana, cuando nació Jesús, la palabra "doulos" (siervo, o más propiamente, esclavo) era un término denigrante. Servir era una tarea que correspondía a la clase inferior. La sociedad de entonces estaba básicamente dividida en dos segmentos: el de los "señores" que mandaban y eran servidos; y el de los "siervos", que estaban a las órdenes de los primeros, a quienes servían.
Pero Jesús vino a trastocar, a invertir, este orden de cosas, porque Él dijo de sí mismo que había venido "no para ser servido sino para servir" (Mt 20:28). Más aun, Él dijo también "que el que quiera hacerse grande ante vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, será vuestro siervo" (v. 26,27). Y lo puso en práctica.
Es decir, el que quiera ser "señor", debe servir.
Siguiendo su ejemplo, uno de los primeros actos oficiales de la iglesia fue constituir un equipo de siete diáconos (servidores), cuya tarea consistía en servir a las mesas de los hermanos. No fueron escogidos entre los últimos,
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sino entre los que ocupaban los primeros lugares por su buen testimonio, llenura del Espíritu Santo y sabiduría (Hch 6:1-7).
El apóstol Pablo, autor de una tercera parte del Nuevo Testamento, dijo de sí mismo que se había "hecho siervo de todos para ganar a mayor número." (1Cor 9:19).
¿Qué implicancia tiene lo antedicho para el profesional, o para el empresario cristiano? Uno de los tres grandes sectores de la economía de toda sociedad moderna es el sector "terciario", o de servicios, en contraposición con el sector primario (extracción) y el secundario (manufactura). En el Perú actualmente la mayor parte de la actividad económica discurre en el sector servicios, que es también el que mayor número de mano de obra concita. Por ello, es muy probable que la mayoría de los cristianos en nuestro país se ganen la vida trabajando en el sector terciario.
Aquí sería útil investigar cuáles son las características del servicio, según aparecen en los libros del Nuevo Testamento, y que deberían "informar", es decir, dar forma, a las actividades del empresario, profesional y empleado cristiano.
El servicio se rinde ante todo no por expectativa de "ganancia" (Tt 1:7), sino por amor. Naturalmente el cristiano que sirve, sea como empleado doméstico, o como "diácono" -sirviendo a las mesas en un restorán- o como empleado de mostrador en una tienda, o como dueño de un taller de reparación, o como empresario industrial, etc., etc., no lo hace de una manera totalmente desinteresada, sino porque espera una retribución a cambio de sus servicios, en la forma de sueldo o de utilidad. Pero lo "cristiano" de su trabajo estriba en que no lo haga exclusivamente por interés personal, sino también para ser de utilidad a la persona que requiere o usa sus servicios. Y tratará de desempeñar su actividad, cualquiera que sea, de la manera más eficiente, agradable y útil para su cliente.
En última instancia, esto quiere decir que verá en su cliente, o en su empleador, mucho más que una fuente de ingresos. Verá en él a su prójimo a quien debe amar, según el mandato de Jesús (Mt 22:39), y como tal lo servirá, tratando de agradar no sólo al hombre, sino a Aquel que es dueño y Señor de ambos (Ef 6:5-9).
Lo antedicho, naturalmente, revoluciona la relación empleado-empleador, profesional-cliente, y se traducirá en prontitud, puntualidad, cortesía, eficiencia, profesionalismo, esmerada calidad, honestidad, y...precio razonable. Es nuestro privilegio especial saber que los frutos se cosecharán no sólo en términos de ampliación de clientela, de aumento de ventas y utilidades, de crecimiento del negocio, sino también en una maravillosa recompensa eterna.
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