Páginas Cristianas - La guía de la comunidad cristiana
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Boletín No. 06 (diciembre 2002):

VERTICAL:
Labrando una cultura


  
Estamos terminando el año 2002 y con esta edición cumplimos seis meses desde que nos invadió la idea de publicar el presente boletín. Obviamente, esto ha sido posible gracias al apoyo de cada uno de ustedes, a través de opiniones alentadoras, críticas constructivas y el respaldo a nuestra gestión editorial. En el balance podemos decir que hemos conseguido la adhesión y el compromiso de decenas de empresarios que vieron en Paginas Cristianas y Circuito Empresarial, una nueva ventana de oportunidades para impulsar sus negocios y una ayuda en la toma de decisiones. Como Páginas Cristianas, sentimos la satisfacción espiritual y
  

profesional de haber contribuido a hacer empresa desde la perspectiva de la mayordomía bíblica, creando conciencia en los líderes que los tiempos han cambiado y hay mucho camino por recorrer.
La formación de una cultura empresarial cristiana va forjándose día a día, y Paginas Cristianas es parte de ella, vuestra participación permite la continuidad de la misma. La campaña de inscripciones para la edición 2003 está llegando a su fecha de cierre y usted no puede dejar de anunciar. Somos testigos que muchas de las empresas que anunciaron en la edición pasada y los inscritos para esta nueva edición, se han convertido en un ejemplo viviente del poder de Dios. Se han establecido contactos entre organizaciones para un trabajo en sus labores comerciales. Antes

esto hubiese sido imposible.
Parte del trabajo que nos propusimos para este año que expira, es el lanzamiento del Primer Concurso Nacional de Diseño Positivo, Páginas Cristianas 2003, Nuestra Cara Está en Juego, una convocatoria a los diseñadores gráficos cristianos con el fin de promover valores fundamentales como la integridad, honradez, libertad, excelencia y servicio, rescatando así la riqueza moral del país en aras de una mejor sociedad. Desde aquí solicitamos a que usted como gerente o líder apoye este evento permitiendo que su personal competente sea parte de este gran desafío.
De esta manera, seguimos aportando a la consolidación de una cultura cristiana, tan necesaria en estos tiempos de cambios económicos y comerciales. Este es el tiempo de hacer empresa como Dios manda. Sea parte de esta cultura, Dios desea honrarlo.

 
INTROVISIÓN:
Partir para compartir

Un estudio realizado por la televisión americana sobre el consumismo en el país, descubrió que el porcentaje de norteamericanos que vivieron una vida "muy feliz" llegó a su punto más alto en el año 1957, a pesar de tener la mitad de bienes materiales de lo que actualmente poseen sus ciudadanos.

Existimos condicionados por los negocios que cerramos, un gran producto innovador hecho en la compañía, la compra de una inmensa maquinaria o las altas ventas del mes. Algo subyugante ha llegado a ser el valor que le damos a las cosas a comparación con los valores espirituales, quizá debido a que muchos asocian la felicidad o la dicha a la riqueza. El ser bienaventurado va mucho más allá de esta frontera monetaria o materialista.

“DADLE VOSOTROS DE COMER”
Pero este afán ha ido cambiando, muchos líderes de negocios ya no viven suscritos a mil excusas a la hora de compartir sus bendiciones con los demás, conocen que cuando Dios amplió los dominios de un hombre, la idea de dar llegó en un momento económicamente difícil. En la alimentación de los cinco mil era notoria la falta de recursos y pesar de ello sucedió un milagro y todos se saciaron (Jn. 6).
La prosperidad de un empresario no radica en lo que posee sino en la bondad de saber compartir, siendo un protagonista ante la necesidad de los demás. En la última Cena, las Escrituras registran un detalle de oro: “También tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado” (Lc. 22.19). Jesús hablaba de ser sacrificado, partido, molido por los demás. La Madre Teresa le decía a sus seguidores: “Si uno ama hay que dar, y dar hasta que duela”. Por eso, es necesario que usted se encuentre bendiciendo siempre y no viva a la espera de algo a cambio, así con toda seguridad entrará en el proceso de extender sus



dominios. No es el hecho de ofrecer buenos productos y recibir el pago equivalente o dar un servicio esperando ser remunerado, debe existir un paso más.
Compartir es una palabra ignorada que para muchos equivale a pérdida mas Jesús nunca lo vio así. La navidad nació en un establo de escasos recursos y terminó dando lo que nadie se atrevió a dar. Debido al amor profesado por Cristo a la humanidad plasmada en una cruz, se le dio un Nombre que es sobre todo. Ese es el fin de los que saben partir para compartir.
Abraham es un ejemplo evidente. Como patriarca acaudalado compartió sus bienes con su sobrino Lot y decidió que él eligiera la rica llanura del Jordán y a pesar de tal decisión, jamás menguaron sus posesiones. Isaac, Jacob y José siguieron el mismo ejemplo y alcanzaron la grandeza.

   
MASCAS ELEMENTALES:
Planificando con la Ayuda del Espiritu Santo

Se suele decir que el que no sabe adónde va, no llega a ninguna parte. Y es muy cierto. Pero también es verdad que el que sabe adónde va pero no sabe cómo ir, difícilmente llegará a su destino. Esas dos ideas tienen que ver con la planificación. ¿Cómo definiremos la planificación en términos simples? Planificar es el ejercicio de determinar en términos concretos Qué es lo que se quiere lograr y cómo alcanzarlo.

Lo primero que se necesita para llegar a algún sitio es saber dónde estamos. Una persona que quisiera llegar al centro de Lima partiendo de Ancón y que no conoce bien la ruta, llegado a determinado punto necesitará saber dónde se encuentra, y si no se ha desviado de su meta, para poder evaluar qué ruta tomar a partir de ese punto. Igualmente para determinar cómo lograr lo que se pretende es necesario evaluar la situación en que uno se encuentra en el presente, de dónde ha partido y hasta dónde ha avanzado. De ello dependerán las medidas que tome para tener éxito en la próxima etapa.
Todo hombre de negocios que trabaje de una manera ordenada deberá fijarse a comienzos de año algunos objetivos concretos que alcanzar durante los próximos doce meses. Si no lo hace, si no establece de un modo claro -al menos en su mente, pero mejor en blanco y negro- qué es lo que quiere lograr, le pasará muy probablemente lo que se dijo al comienzo: que no llegará a ninguna parte, porque caminará sin rumbo.
Por supuesto, al profesional o empresario cristiano que se haya fijado al comienzo del año metas concretas, convendría en este mes del calendario hacer una pausa y preguntarse cuánto de lo planeado se ha logrado, qué es lo que le ha faltado para alcanzarlo y por qué; si escogió bien su mercado objetivo, si tiene la mercadería o el producto adecuado, etc., etc.
Evaluar nuestro mercado supone saber a qué segmento de la población apuntamos en términos socio-económicos o en términos geográficos, o de localización, o de tipo de clientela (hoy están de moda las ventas a mercados sectorizados). ¿Cómo ha evolucionado ese mercado el último año? ¿Qué productos o servicios nuevos han sido introducidos? También necesitamos saber cuáles son nuestros canales de venta o de distribución, y si los hemos aprovechado al máximo, o si los hemos desaprovechado, o si necesitamos crear nuevos.



Cuando haya determinado la situación en que se halla, la meta que se propone realistamente alcanzar y los medios que empleará, le tocará pensar en los obstáculos inevitables que tendrá que
  

enfrentar. Tendrá que analizar la “competencia” y sus productos, qué fortalezas y debilidades tiene, con qué fuerza de venta cuenta y -esto es muy importante- qué puede aprender de los aciertos y errores de empresas que realizan las mismas labores que la suya. Entonces podrá determinar qué puede hacer para brindar un mejor producto o servicio, o para mejorar la presentación, o para darle un valor agregado inédito, o para mejorar el precio.
No hay esfuerzo empresarial que no requiera de inversión. Esto es, hay un lado financiero que considerar. ¿Tengo los medios económicos requeridos para seguir llevando adelante mis planes? Y si no los tengo ¿cómo los voy a obtener? Muchos proyectos fracasan porque no se consideró atentamente este lado de la operación. Si no he cumplido con mis obligaciones en el año transcurrido los bancos me cerrarán sus puertas. Pero si obtengo el financiamiento adicional necesario ¿estará la tasa de interés cubierta por mi margen de utilidad? ¿O trabajaré sólo para beneficio del banco? ¿Podrá mi flujo de caja (es decir, básicamente, mi proceso de cobranza) cumplir con el calendario de pagos? ¿O tendré un desfase entre ambos? Sin equilibrio financiero las mejores estrategias fracasan.
Rara vez se logran los objetivos trazados de un solo golpe, sino por etapas. Eso supone descomponer nuestra meta en objetivos parciales, para ir avanzando con seguridad e ir acopiando recursos para la etapa siguiente. Al fijarnos metas parciales y sucesivas, podemos ir evaluando cuánto estamos avanzando y, según nuestro diagnóstico, tomar las medidas correctivas necesarias.
Pero el cristiano que busca servir a Dios con su trabajo ¿a qué fuente de sabiduría puede recurrir, además de las existentes, sino al Espíritu Santo? Dios conoce todas las cosas y sabe más de negocios que el empresario de más éxito. Con una diferencia, que El sólo busca el bien y lo busca para el mayor número. Y nunca emplea medios vedados. Así pues, podemos contar con su ayuda paso a paso mientras planificamos, si nuestros fines coinciden con los suyos. Es decir, si nuestros fines no son exclusivamente egoístas sino que buscamos sinceramente el bien de nuestros clientes tanto como el nuestro, Él nos convertirá en socios de su gran empresa, la que genera las más grandes utilidades. Si nuestras metas coinciden con las suyas ¿no nos ayudará? ¿Hay alguna alianza estratégica mejor que la que podemos concertar con Él?
Dando todo lo anterior por sentado tendríamos que preguntarnos por último: Si Dios es el verdadero dueño de mi empresa ¿qué parte le ha tocado en la distribución de utilidades? El diez por ciento de las utilidades netas es lo mínimo que le corresponde. Pero si tuviera que cuantificar el valor de su ayuda lo menos que le tendría que dar es el 100%.

  


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